El Dedo en la Boca

Los dentistas en términos más académicos los odontólogos, son quienes por sus funciones profesionales se preocupan de mantener nuestra salud bucal.

Para ello se ven en la necesidad de introducir el dedo en la boca a sus pacientes, en busca de posibles focos de infección y deterioro de la masa dentaría.

Ya detestados estos y para tener un mejor diagnóstico, recurren a una radiografía antes de iniciar un proceso de sanación.

Quienes ostentan el poder social, político y económico, también debieran apoyarse en una radiografía, para obtener un diagnóstico real e iniciar un proceso de ordenamiento y saneamiento, de las estructuras de nuestra sociedad.

Sin un diagnóstico real y anestesia nos vimos sometidos a un tratamiento fallido de dos implantes, que la inmensa mayoría rechazo estoicamente.

Ante este fallido fracaso y cual Poncio Pilato proceden a lavarse las manos y asentar sus posaderas, encima de un saco lleno de monedas de oro y cuando se percatan que algunas de ellas, se están escurriendo su naturaleza instintiva, hace que se las echen subrepticiamente al bolsillo.

Las monedas de oro tienen un valor intrínseco, un valor económico y son transables en el mercado.

Pero cuando se está sentado, en un saco lleno de valores morales, principios filosóficos y conductas éticas, y estas empiezan a chorrear proceden a guardárselas en el mismo bolsillo.

¡Por más que se laven sus manos, estas estarán eternamente manchadas y sucias!

El colegio de la orden debería reaccionar y poner a disposición de los tribunales competentes, los antecedentes correspondientes en que personas sin ningún tipo de escrúpulo se encuentran ejerciendo ilegalmente su profesión, metiéndonos el dedo en la boca.

Los valores morales, los principios filosóficos y las conductas éticas, no son artículos que se pueden introducir livianamente en el bolsillo, ni transar fácilmente en el mercado, son parte de la vida y un reflejo del comportamiento, de quienes detentan un poder, en una sociedad jerárquicamente institucionalizada.

Una sociedad, no puede regirse, por el instinto animal, del anacronismo.

Tratamientos de conductos mal hechos, implantes rechazados, no podemos masticar bien y el calmante, ha sido tan manipulado que queda la firme convicción, de que hay que proceder a tapar todo, por el bien de a quienes les gusta disfrutar, de la ¡lujuria! ¡Injuria! y ¡corrupción!

Felizmente la sabia naturaleza nos ha dotado de una muela que recién está manifestando sus primeros síntomas.

¡La muela del juicio!

En esta etapa tan critica de nuestras vidas, es la única pieza dental que es parte de nuestra propia identidad.

Dichosamente, no todo es turbio y tenebroso, tenemos una constitucionalidad e institucionalidad “anacrónica”, pero funciona.

Eso es lo más importante.

Si lo hace ¡bien o mal! ¿a quién podría interesar?

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